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Mindfulness

06 de enero de 2016

La palabra Mindfulness ha sido traducida al español como Atención Plena o Presencia Mental.

Aunque la práctica de Mindfulness ha sido recientemente integrada a la medicina y psicología de Occidente, se trata de una práctica muy antigua que se origina hace más de 2500 años y constituye la esencia fundamental de las prácticas budistas.

 

Significa prestar atención de manera consciente a la experiencia del momento presente con interés, curiosidad y aceptación.

Jon Kabat- Zinn, conocido como referente mundial, por haber introducido esta práctica dentro del modelo médico de Occidente define “ Mindfulness “ como “ prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar “.

Es un proceso mental que reduce nuestra tendencia a hacernos la vida más difícil luchando contra la incomodidad que encontramos en ella. Con mindfulness en lugar de resistirnos o evitar el sufrimiento, nos orientamos hacia él con una conciencia amable y espaciosa. “ La mente es como un toro, que cuando le dejamos suficiente terreno en el que pastar a gusto, se calma y se tumba sobre el suelo “.

 

La meditación mindfulness se compone de tres procesos mentales principales:

  1. Conciencia focalizada en un solo punto ( concentración ): el focalizar la atención en un solo objeto, sea la respiración o las plantas de los pies al caminar, tranquiliza la mente ya que retiramos la atención de lo que nos perturba y la dejamos descansar en un objeto neutral.
  2. Conciencia de campo abierto: afrontar lo que aparece en nuestra conciencia con una atención equilibrada y ecuánime, sin tratar de excluirlo ni de aferrarnos a ello.
  3. Bondad amorosa o compasión: la compasión nos alivia incluso cuando no podemos cambiar nuestras circunstancias vitales.

 

Este tipo de atención nos permite aprender a relacionarnos de forma directa con aquello que está ocurriendo en nuestra vida, aquí y ahora, en el momento presente. Es una forma de tomar conciencia de nuestra realidad, dándonos la oportunidad de trabajar conscientemente con nuestro estrés, dolor, enfermedad, pérdida o con los desafíos de nuestra vida. En contraposición, una vida en la que no ponemos atención, en la que nos encontramos preocupados por lo que ocurrió o por lo que aún no ha ocurrido, nos conduce al descuido, el olvido y el aislamiento, reaccionando de manera automática y desadaptativa.

 

La atención plena nos ayuda a recuperar nuestro equilibrio interno, atendiendo de forma integral a los aspectos de la persona ( cuerpo, mente y espíritu ), desarrollamos una mayor capacidad de discernimiento y de compasión, abre la puerta hacia nuevas posibilidades, nos trae al aquí y el ahora, nos invita a vivir una vida de manera plena y en el presente.